Como en CASA en ningún sitio

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¡¡¡¡¡HOOOOOOOOOLA DE NUEVO!!!!

Ya, ya sé que hay quien hasta se ha preocupado porque el blog se quedó en el 31 de julio... Si es que volver... pero estamos bien, jajaja...

Hace ya semanas que quería compartir una nueva entrada con un anuncio que me ha encantado y que vi por casualidad -de hecho, no lo he vuelto a ver completo-. Bueno, por casualidad y por la generosa hospitalidad de Avelino y Lola, los padres de mi amigo Eduardo, que pusieron -otro día más- un plato más a su mesa... porque en su casa los invitados somos acogidos prácticamente como hijos.

Pues estábamos en la sobremesa y salió esta emotiva historia -sí, muchos de los spots se sirven de la emotividad, ya sabéis-... y a mí me dio por pensar en el Cielo -Heaven-, en el Reino de Dios. Y encima termina con esa sentencia... "como en CASA en ningún sitio"

Oh, el anuncio da para que hablemos de muchas cosas -de los papás (ausentes o incapaces de su labor), de los abuelos, de la naturaleza, del campo, de la vida sencilla, de la infancia, de... Dios, de la Iglesia...- [quizás lo de menos es la pizza, aunque del alimento que da la VIDA también se podría hablar... y estaríamos hablando de la Eucaristía, de la comunidad de vida... en fin...]

Para los que no habéis tenido la suerte que yo, aquí os dejo con él; saboreadlo... (con esa cancioncilla tan vital que se titula Share love...)


video

Y, de regalo -como he tardado tanto en comenzar el curso en el blog, jajaja- os dejo una historia breve, por si os ayuda a entender lo anterior desde otro punto de vista... se titula

EL ÉXITO

Un misionero que había trabajado en China más de cuarenta años y un famoso cantante que sólo había estado dos semanas en el Celeste Imperio, regresaban a Estados Unidos a bordo el mismo avión. Al aterrizar en el aeropuerto de Nueva York, el misionero vio una gran multitud de admiradores que esperaban al cantante.

-Señor, no lo entiendo, murmuró el misionero. He dedicado 42 años de mi vida a la China. El cantante, en cambio, sólo dos semanas. Y sin embargo, ahí tienes a miles y miles de personas que acuden a darle la bienvenida. Y a mí, nadie.

Y el Señor le respondió:

-Hijo mío, es que tú aún no has llegado a CASA

(tomado de Bruno Ferrero, La silla vacía y otras historias)

¡Qué bueno sería que dejáseis vuestras ideas y opiniones en comentarios a la entrada! ¿Os parece?

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