CUARESMA... CUARENTA DÍAS PARA APRENDER A DANZAR (y 5)

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LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO (Jn 11,1-45) - LA DANZA DE LA PERMANENCIA

En este proceso de aprendizaje, vamos a danzar con “notas” distintas. En esta partitura musical abundan los “silencios” y los “sostenidos” que nos invitan a PERMANECER en el Centro.

Un permanecer, que no es sinónimo de pasividad y quietud, sino invitación a DESPERTAR: “No está muerto… está dormido”

En la sabiduría oriental, existe un diálogo entre un discípulo y un maestro:

- ¿Hay algo que yo pueda hacer, para llegar a saber?

- Tan poco como lo que puedes hacer para que amanezca por las mañanas.

- ¿Entonces para qué sirve estar aquí?

- Para estar seguro de que estarás despierto cuando el sol comience a salir

Esta es la “permanencia” a la que nos invita la Danza: a permanecer para estar seguras que no estaremos dormidas para percibir la LUZ de la Presencia que nos HABITA permanentemente.

PERMANECER:

· Ante lo que aparentemente es “muerte” y oscuridad:

“Permaneced en mí y yo en vosotros… Quien permanece en mí y yo en él dará mucho fruto” (Jn 15,4-5)

· Permanecer desde la “nota” que nos habla de silencio y silencio sostenido por Aquel que es: La Palabra de la Vida.

· Permanecer para poder “ajustar” nuestros tiempos a los suyos y, acoger la sorpresa de su Presencia que acompasa nuestro tiempo al suyo a través de nuestro “DESPERTAR personal hacia la Unidad con el Origen”.

La danza de la PERMANENCIA nos va conduciendo gratuitamente al “movimiento” de quitar la losa que nos hace vivir como muertos encerrados en sus tumbas.

Desde la Danza, acogemos en nuestra Identidad más profunda las palabras de Jesús: “Ven fuera… sal a la vida”, porque yo, tu Dios, “danzo para ti como en día de fiesta”.

“Si haces caso a mi danza, ve a ti mismo en mí”

Una Danza que nos habla de Vida, de quitar losas de muerte y salir fuera, donde la VIDA, en sus múltiples formas, nos ofrece la Presencia sin forma de Dios, como sinfonía que resuena AQUÍ Y AHORA.

PERMANECER… Aunque en nuestro corazón broten “voces” que suenan a: “Si hubieras estado aquí…”

Y acoger la PRESENCIA/AUSENCIA de Quien sostiene nuestra vida y nos abre a la CONFIANZA PLENA de Aquel que es la Resurrección y la Vida. Sólo desde Él, podemos vivirnos como mujeres RESUCITADAS.

En el último domingo de Cuaresma, somos invitadas a DANZAR desde la experiencia profunda de saber permanecer en Él…

Desde Él, entramos en la vida de Dios y nos dejamos llenar por la sensación de VIDA que Él nos regala… Y DESCANSAMOS confiadamente en el AMOR que se hace DANZA por cada una de nosotras.

Bueno, al final del “cursillo”, igual ya hemos aprendido algunos pasos para danzar en lo cotidiano y convertir nuestra vida en Danza compartida: Bien “agarraditas” al Bailarín, seguro que nos vivimos como:

PASO DE LA DANZA DE DIOS…

CONDUCIDAS POR EL BAILARÍN…

HASTA LLEGAR A SER:

MÚSICA, DANZA Y BAILARÍN

Mª Carmen Ferrero hcsa

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