CUARESMA... CUARENTA DÍAS PARA APRENDER A DANZAR (4)

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EL CIEGO DE SILOÉ (Jn 9,1-41) - LA DANZA DE LA TRANSFORMACIÓN


Con el ciego de Siloé, nos vamos a ir metiendo en la Danza que transforma e ilumina.

Una transformación que es posible, gracias “al barro que limpia nuestros ojos”.

Desde nuestra mente, casi nos resulta imposible entender como el barro puede “limpiar “y ser dador de luz, hasta el punto de VER al que ES la LUZ.

Un buen momento para aprender “otro paso” de nuestra Danza Cuaresmal.

Un “paso” que habla de: relajarnos, aflojar esas tensiones que nos hacen permanecer siempre en el mismo lugar de la pista y nos impiden abrirnos a la NOVEDAD.

Vamos a “soltar” todo lo que suena a rígido, lección aprendida e ideas inamovibles. Vamos a “desaprender”. Hay una canción de Luís Guitarra, cuyo título es “desaprender”, escuchadla si podéis.

Nos vamos a atrever a dar un “giro total”. Un giro de esos que nos deja a la intemperie, como cuando los trapecistas sueltan su trapecio y se lanzan al vacío… Vamos a soltar esos “agarraderos” que nos dan una sensación – bueno, se la dan a nuestro yo- de “seguridad”.

El primer movimiento de nuestra danza, nos invita a “cambiar de postura”. “¿No es éste el que estaba sentado pidiendo limosna?”

No podemos “danzar” sentadas. Es necesario levantarnos y quitarnos el barro de los ojos… ¡Ve y lávate!”, ponte en pie y déjate transformar…Descubre la realidad de Dios en tu vida.

Un “cambio de postura” cuyas notas suenan a FIARNOS de Aquel que toca nuestro barro y nos transforma en mujeres nuevas.

El ciego de nuestro relato, en un primer momento no sabe disfrutar de la transformación que se ha producido en su vida.

Simplemente se dedica a realizar aquello que le es mandado: “Ve a la piscina de Siloé y lávate…Y va… No hay planteamientos, nada se ha transformado en su interior. Por eso, cuando le preguntan quién le ha curado, dice: “Ese individuo que se llama Jesús hizo barro, me untó los ojos y me dijo que fuera a lavarme. Fui, me lavé y recobré la vista”… ¡Y ya está! Hizo lo que le mandaron… Y se le “escapó” el ENCUENTRO personal que TRANSFORMA la oscuridad en Luz.

Ni sabe cómo se llama el que le regala la Luz, ni dónde está, ni quién es… repite una y otra vez el mismo discurso: “Hizo barro, me untó y me lavé y veo…”

Y Jesús lo busca otra vez…e interpela su vida: ¿Crees en ese Hombre? ¿Quién es? El que habla contigo… CREO, SEÑOR.

La experiencia personal, la personalización de nuestra fe, es lo que transforma nuestra vida y nos capacita para dar razón de nuestra esperanza. No es posible un proceso de transformación, si no va acompañado de un proceso personal de nuestra fe.

El ENCUENTRO personal es lo que trasforma nuestro barro y nos permite “escuchar” la suave melodía que nos habla de FIARNOS… de CONFIANZA… de UNIDAD dinámica que nos va transformando en lo que ya SOMOS de fondo, aunque muchas veces caminemos por la vida sin ser conscientes de ello. Quizás porque vamos todavía con el “barro puesto”.

El ciego de Siloé “cree”, pero todavía no ha VISTO… por eso nada se ha transformado en él. Sólo “repite acciones” que le indican el camino de la luz, pero no ha saboreado y experimentado la LUZ.

En este “cambio de postura”, la melodía del ENCUENTRO nos va llevando: de la “práctica” de la religión, a la experiencia de la espiritualidad, a la experiencia del Misterio de lo Real, donde nada es separado…TODO ES.

Cuando somos capaces de ENCONTRARNOS con Aquel que nos susurra: “Lo estás VIENDO, el que habla contigo”… entonces se nos regala la capacidad de responder: CREO, SEÑOR. Un “creo” que suena a Encuentro, a experiencia, a cambio radical de postura… A “POSTRARNOS” ante Él, es decir, a ABANDONARNOS en Él…

A no “creer que vemos”, sino a experimentar que SOMOS el que VE y el que es VISTO, que somos Testigos de la LUZ.

Un Encuentro que nos va conduciendo por el camino de la UNIDAD plena. Y desde esta Unidad que “presiento”, quiero regalaros este anhelo de Unidad que hay en mí y que hace un tiempo se me regaló como experiencia de Unidad.

La Unidad que presiento


Durante casi toda mi vida he conjugado el verbo ser:

Yo soy… Tú…eres… Él es.

Marcando distancias. Fortaleciendo el yo soy…

Separando el tú eres… Diferenciando… Él es …

Y me despertó la música de tu Presencia

con acordes infinitos que no tienen fin. …

Y me sacaste a bailar la Danza de la UNIDAD…

Sujetándome tan fuerte… que Tú y yo no somos Tú… y yo…

Somos: “YO SOY”

No hay espacio para “dos”… y siento que me llevas… y que soy llevada.

Pero no hay dos.. Una sola Danza… y un BAILARÍN. Somos NO-DOS.

No hay distancias… Somos FUSIÓN. Formas de una misma REALIDAD…

Abrazados hasta ser: el Abrazo y lo abrazado, el Beso y la besada,

el Amante y la amada.

Eres en mí. Y el “mí” deja de existir… Para ser en Ti…sin Ti

No hay tú… ni yo…ni nosotros… Solo hay SER. Ser…sin “hay”

No hay nada, todo ES; VACÍO Y NADA, recreado en PLENITUD.

Y Respiro PRESENCIA…

Y todo huele a vida…

Y todo SABE a SER.

Y siento que mi cuerpo se estremece,

Y mis ojos se bañan en lágrimas

que son SILENCIO agradecido

Y me abrazo fuerte… sin poseerte

En el AQUÍ Y AHORA de la UNIDAD que SOMOS…

En el Misterio que desborda y abre a la vida

donde todo ES y te REGALAS.

¡¡Gracias!!

Mª Carmen Ferrero hcsa

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