CUARESMA... CUARENTA DÍAS PARA APRENDER A DANZAR (2)

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LA TRANSFIGURACIÓN (Mt 17,1-9) LA DANZA DE LA CONFIANZA


“Este es mi hijo amado, mi predilecto… Levantaos, no temáis”

Un nuevo “paso” en nuestro aprendizaje… dejarnos llevar por el bailarin hasta vivirnos como esa nota irrepetible en la sinfonía de Dios, hasta experimentarnos como el que baila y el que es bailado… Experiencia de unidad que nos va llevando silenciosamente a experimentarnos y vivirnos en las manos del mejor Bailarín.

Música que suena a Hija amada, predilecta… y que nos invita a danzar la Danza de la confianza plena, donde no hay espacio para el miedo ni para el temor… donde todo suena armoniosamente a unidad.

Si en nuestra vida hay miedo y temor, quizás es porque andamos identificadas con nuestro yo y, lo que nos brota es hacer una tienda y quedarnos quietecitas engordando nuestro ego, -también el ego religioso-.

Solo cuando nos des-identificamos de nuestro yo brota la Confianza, descansamos en el Misterio y somos capaces de escuchar la melodía de fondo que se nos regala…

“Esta es mi Hija amada, mi predilecta…”

…Levántate y no tengas miedo porque en la Danza de mi Amor no importa que los pasos no salgan perfectos, lo tuyo es descansar en el bailarín y dejarte llevar: “Todo lo demás se os dará por añadidura”.

“Al alzar los ojos vieron no vieron a nadie más que a Jesús” .Esta es la “añadidura” que se nos regala: Ser capaces de ver a Jesús en el aquí y ahora, saborear su Presencia.

En Jesús podemos reconocernos en lo mejor de nosotras mismas: plenas de Dios… trasparencia de lo Divino. Cada una de nosotras, desde Él, podemos vivirnos como Epifanía del Principio originario de lo divino.

La Transfiguración también acontece en cada una de nosotras porque:

“La gloria que Cristo nos trajo era nuestra. El vino para que cayésemos en la cuenta” (Maestro Eckhart)

Desde ahí podemos experimentarnos conducidas por Jesús monte abajo… al “valle” de la vida.

Poder danzar desde la Confianza no es cuestión de méritos, ni de “propósitos espirituales”. Confiar es cuestión de saber descansar en Él, de abrirnos a Dios como nuestro descanso y permitir que Él “se vaya diciendo” en nuestra vida y en la vida de todo lo que ES.

Este abrirnos descansadamente en Dios, nos hace mujeres dóciles para poder descubrir…

“…a Dios como Aquel que está diciendo nuestra vida mientras nos crea” (Enrique Martínez Lozano)

Desde este Descanso amorosamente confiado, podemos exclamar con Simone Weil: “Yo no existo, soy existida”… y nos vivimos recibidas desde el amor que es en cada una de nosotras

Esta es la experiencia que nos “trasforma” y nos permite vivir trasformadas, sin miedo ni temor… porque nos trasforma su presencia, el amor misericordioso de Dios que nos sostiene y envuelve permanentemente.

No nos trasforma nuestra voluntad ni el sutil empeño de nuestro ego que se empeña en que seamos “perfectas”, para sentirse reconocido.

Desde la certeza de ser “recibidas” y sostenidas por el Amor, brota la confianza y, habitadas por ella, nuestra vida se pone en movimiento al ritmo de la Danza que recrea y enamora, abandonadas confiadamente en los brazos del Bailarín que cada día nos desata el viejo sayal y nos viste de la Fiesta de la Novedad, la Sorpresa y el Asombro.

En la Danza no puede faltar la música…

En este “mini cursillo de Danza cuaresmal” no puede faltar la música. Dicen que quien canta ora dos veces…
Vamos a orar a través de la música. Volcadas en ella dejamos que resuene en nuestro corazón la “nota” con la que Dios quiere regalarnos su sinfonía.

En una sinfonía hay muchas notas: unas redondas, otras negras, blancas, silencios y sostenidos… ¿Cuál es la tuya? ¿Qué nota sientes que se te invita a regalar en comunidad?...

ESCUCHAMOS…
Has dilatado mi corazón, lo has ensanchado.
Todo mi ser hoy se estremece,
todo mi ser en tu Presencia,
¡dame tu amor! ¡eso me basta!
Has transformado mi corazón, ¡lo has transformado!
Todo mi ser Es en el Tuyo.
Todo tu Ser ES en el mío.
Somos NO-DOS. Por eso hoy te doy las gracias.

ORAMOS…
Jesús sube al monte,
con los suyos, a hacer oración.
Y se repite la experiencia.
¿Dónde?
No sé. A lo mejor no es arriba, sino dentro.
A lo mejor la luz está dentro.
A lo mejor la palabra del Padre resuena dentro,
y te repite: Sí, hijo mío.
A lo mejor la alegría viene de dentro.
A lo mejor, Dios mío, todo está dentro.
¿Dónde?
No sé. A lo mejor no es arriba, sino al lado.
A lo mejor la dicha está en el grupo de hermanos.
A lo mejor en los amigos encuentras la luz y la palabra.
A lo mejor en la familia sientes
la nube sagrada del amor que te envuelve.
A lo mejor el Tabor siempre está junto a ti, en el otro,
en los hermanos.
¿Dónde?
No sé, a lo mejor no está arriba, sino abajo.
A lo mejor encuentras la dicha en el sufrimiento.

A lo mejor Dios desde abajo te interpela:
“Son mis hijos más queridos”
A lo mejor, entre los pobres,
te envuelve la nube santa de la misericordia.
A lo mejor, tú puedes hacer que todo sea más Tabor.
¿Dónde el Tabor?
No sé. Pero lo encontrarás
si lo buscas de veras,
si te abres a la luz,
si te dejar guiar por el amor;
o tal vez no lo encuentres,
tal vez se te regale
cuando dejes de buscarlo,
o tal vez la misma búsqueda sea un Tabor.


Mª Carmen Ferrero hcsa

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