ESTE ES UN NUEVO DÍA PARA EMPEZAR DE NUEVO

No lo olvides. Tú eres el protagonista de tu vida. ¿Quieres que sea una aventura maravillosa?. Entonces: ¡¡¡ VIVE !!! Saborea cada instante, cada persona, cada encuentro, la soledad, el retiro... Nadie ha dicho que sea fácil. Pero siempre es posible recuperar nuestra inocencia infantil y gritar: ¡LA AVENTURA NOS ESPERA! (Si tienes un recurso que vale la pena compartir, házmelo llegar...)
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ADVIENTO 2023 (¡Comienza el Nuevo Año Cristiano!)

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La propuesta de la Diócesis de Palencia la tenéis clicando en la imagen de abajo:

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Tú tienes MUCHO QUE VER (Día de la Caridad -CORPUS CHRISTI- 11 de junio de 2023)

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Con mucha suavidad y discreción, la Iglesia da cuentas de su tarea social. En Palencia, se hacen cosas, muchas cosas (...mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas...) dando frutos del Reino. Dedica cinco minutos a ver lo que dio de sí el corazón más misericordioso de nuestra Diócesis el año pasado (clica en la imagen).

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Un año de vida...¡asombroso!

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Ward Miles - First Year from Benjamin Scot on Vimeo.

This is a story of a mother's love for her baby. It sums up my son's first year. He was born way too early, and the obstacles he had to overcome were really big, but not bigger than our God.

Song: 'Happiness' by The Fray

La vida abriéndose paso...ante la maravillosa ternura de una madre... y del Padre...
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Las mujeres en la sociedad

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Para que en todos los países del mundo las mujeres sean honradas y respetadas y sea valorizado su imprescindible aporte social.
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Red Mundial de Oración del Papa
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 Una sonrisa al amanecer


He aquí un testimonio impresionante de Raúl Follereau.
   
Se encontraba en una leprosería en una isla del Pacífico. Todo era como una horrible pesadilla: cadáveres ambulantes, rabia, desesperación, llagas y mutilaciones horribles.
   
Sin embargo, en medio de semejante tragedia, un anciano enfermo conservaba los ojos sonrientes y extrañamente luminosos. Tenía el cuerpo cubierto de llagas, como sus compañeros de infortunio, pero se mostraba apegado a la vida, con ilusión y esperanza y trataba con dulzura a los demás.
   
Curioso ante aquel milagro de vida en el infierno de la leprosería, Follereau intentó buscarle una explicación:
   
¿Qué es lo que podía dar tanta fuerza y ganas de vivir a aquel anciano minado por la enfermedad?
   
Lo espió sin hacerse notar. Descubrió que todos los días, al amanecer, el pobre enfermo se arrastraba hasta la verja que rodeaba la leprosería y se colocaba siempre en el mismo sitio. Se sentaba y se quedaba esperando. No aguardaba la salida del sol, ni el hermoso espectáculo del amanecer sobre el Pacífico.
   
No. Esperaba hasta que, al otro lado de la verja, aparecía una señora, anciana también, con el rostro cubierto de finísimas arrugas y los ojos llenos de dulzura. La mujer no hablaba. La mujer no decía una palabra. Le dirigía sólo un mensaje silencioso y discreto: una sonrisa.
   
Pero el rostro del hombre se iluminaba y le respondía con otra sonrisa. El diálogo sin palabras –coloquio mudo- duraba sólo unos instantes; luego el viejo se incorporaba y regresaba alegre al pabellón de los enfermos.
   
Así un día y otro día, todas las mañanas. Una especie de comunión diaria. El leproso, alimentado y fortalecido con aquella sonrisa, podía soportar otra jornada de dolores solitarios y aguantar hasta la nueva cita con el rostro sonriente de aquella mujer.
   
Ante la pregunta de Follereau, el leproso le contestó:
   
— Es mi mujer –y tras un instante de silencio prosiguió-. Antes de que yo ingresara aquí, ella me curaba en secreto, con todos los remedios que encontraba. Un curandero le había dado una pomada. Ella todos los días me recubría toda la cara, excepto un pequeño espacio, lo suficiente como para colocar sus labios y darme un beso… Pero todo fue inútil. Luego me cogieron y me trajeron aquí. Ella me siguió. Y no la dejaron entrar. Por eso, cuando cada día vuelvo a verla, ella sola me hace sentirme vivo; sólo para ella me gusta seguir viviendo.

V CENTENARIO SANTA TERESA DE JESÚS

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V centenario QUÉ CELEBRAMOS
Existió una vez una mujer que vivía en un tiempo en el que, aún más que ahora, los varones controlaban la historia, empujados por una insaciable sed de poder que les llevaba a enfrentarse en innumerables guerras, a explotar pueblos inocentes. Vivió tras los muros de un convento de clausura, y, allí, le llegaron tristes noticias que hablaban de enfrentamientos incluso entre los que profesaban su misma religión, de personas que morían sin conocer al Dios que ella amaba.

Tocó, así, todo el dolor del mundo, todo el dolor de un tiempo, lo contempló mientras le parecía que no podía hacer nada, porque era mujer y sólo por serlo ya era sospechosa, porque apenas le dejaban pronunciar una palabra, porque quienes habrían de escucharla no la tenían en consideración, pensándola incapaz.

Esa mujer se llamó Teresa de Jesús y el 28 de marzo de 2015 se cumplirán 500 años de su nacimiento. Como nosotros ahora, también ella supo que la historia la manejaban unos pocos, pero nunca creyó que no podría cambiar nada. Esa es, quizás, la principal diferencia entre nosotros y ella.

Puesta frente a Dios, le conoció como Amigo y Maestro, como Libro Vivo en el que comprender su propia verdad y la verdad del mundo. En Cristo, su Amado, Dios se le revelaba preocupado por la historia, preocupado por los hombres y mujeres de todos los tiempos, preocupado por ella.

Teresa supo que, dando su vida por todos, Jesús le había marcado un rumbo y le pedía que siguiera sus huellas y que, andando junto a Él, también ella podría contribuir a cambiar la historia, a transformar la ciudad terrena en ciudad de Dios, a dibujar sobre este mundo el Reino. Y se puso en camino.

Fundó pequeñas comunidades de mujeres empeñadas en demostrar al mundo que el amor puede cambiar el rumbo de la historia. En ellas, sus hijas vivían (y viven aún ahora) amándose unas a las otras, capaces de renunciar a todo en favor de los otros, sin imponerse, sin vencer la tentación de la avaricia y la preocupación exagerada por nosotros mismos que acaba por hacernos desentendernos de los otros, sabiendo que cada hombre y cada mujer son un compañero de camino cuya vida es una palabra que he de respetar y escuchar.

Celebrar el Vº Centenario de Santa Teresa es, sobre todo, lanzarnos a descubrir que entre las cenizas de este mundo aún caldean las brasas de otro mundo posible, mucho más justo y mucho más humano. Recordarla tiene el poder de hacerte consciente de cuánto puedes hacer para que cambien las cosas, si te decides a cambiar tú mismo, a optar por una vida más simple y más comprometida, más de acuerdo con el Evangelio de Jesús, el Evangelio del amor.
De esa manera, conseguiremos que el Centenario no sea una simple “celebración arqueológica”, ni una huida romántica a un pasado glorioso que se añora con nostalgia, y conseguiremos convertirlo en un tiempo de renovación y reactivación espiritual, de rejuvenecimiento.

Celebrar así esta efeméride nos ayudará, de la mano de Santa Teresa a afrontar el presente y el futuro con coraje, con creatividad y con decisión, apostando por un mundo más justo, más solidario, en el que cada persona pueda descubrir que es única e irrepetible, que es amada y que está llamada a ser feliz, pero que no lo será si se cierra en sí misma y no es capaz de abrirse a Dios y a los otros.  (Tomado de la web del V Centenario -me parece un texto exquisito-).

El mundo en femenino

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Para que la mujer deje de ser tratada como "el sur del Sur"... ¡que ya está bien! 
Porque NO HAY JUSTICIA SIN IGUALDAD
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15 de octubre: Santa Teresa de Jesús

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Quizás andemos por aquí dentro de cinco años, cuando celebremos en 2015 el V Centenario del nacimiento de esta enorme mujer, que dejó también su huella en Palencia. Teresa de Jesús nació en Ávila el 28 de marzo de 1515 y murió en Alba de Tormes el 4 de octubre de 1582. Doctora de la Iglesia, MÍSTICA, -conoce más de su vida-

¡Oh hermosura que excedéis
a todas las hermosuras!
Sin herir dolor hacéis,
y sin dolor deshacéis,
el amor de las criaturas.

Oh ñudo que así juntáis
dos cosas tan desiguales,
no sé por qué os desatáis,
Pues atado fuerza dais
a tener por bien los males.

Juntáis quien no tiene ser
con el Ser que no se acaba;
sin acabar acabáis,
sin tener que amar amáis,
engrandecéis nuestra nada.

Holy Mother (Madre Santa)

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A veces la música le ayuda a uno a expresar lo que siente, ¿verdad? Os dejo esta preciosa composición de Eric Clapton a quien acompaña, soberbio como siempre, Luciano Pavarotti. Una buena manera de comenzar el Mes de María...


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Holy Mother

Holy Mother, where are you? Tonight I feel broken in two. I've seen the stars fall from the sky. Holy Mother, can't keep from crying. Oh I need your help this time, Get me through this lonely night. Tell me please which way to turnTo find myself again. Holy Mother, hear my prayer, Somehow I know you're still there. Send me please some peace of mind; Take away this pain. I can't wait, I can't wait, I can't wait any longer. I can't wait, I can't wait, I can't wait for you. Holy Mother, hear my cry, I've cursed your name a thousand times. I've felt the anger running through my soul; All I need is a hand to hold. Oh I feel the end has come, No longer my legs will run. You know I would rather beIn your arms tonight. When my hands no longer play, My voice is still, I fade away. Holy Mother, then I'll be Lying in, safe within your arms.

Madre Santa

Madre Santa, ¿dónde estás? Esta noche me siento partido en dos. He visto a las estrellas caerse del cielo. Madre Santa, no puedo evitar llorar. Oh yo necesito tu ayuda esta vez, para pasar por esta solitaria noche. Dime por favor en qué lugar girar Para encontrarme nuevamente. Madre Santa, escucha mi oración, De alguna forma sé que estas allí todavía. Mándame por favor algo de paz mental; Que se lleve este dolor. No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por más tiempo. No puedo esperar, no puedo esperar, no puedo esperar, por Ti. Madre Santa, escucha mi llanto, He maldecido tu nombre cientos de veces. Siento la ira corriendo por mi alma; Necesito una mano que me sostenga Oh siento que el fin ha llegado, Mis pies no correrán más. Tú sabes que preferiría estar En Tus brazos esta noche. Cuando mis manos no toquen más, Mi voz permanecerá, me desvaneceré. Madre Santa, entonces estaré Acostado, a salvo en Tus brazos.